La llamada

– ¿Diga? – Buenos días, le llamo del centro de reproducción asistida…Ah, ¡sí! -digo, simulando indiferencia- han tardado en llamar, ha debido haber mucho por inventariar -añado echándome a reír.  Muchas veces recurro al humor para relajarme yo misma… – Eh, no… -contesta el ayudante del laboratorio, después de aclararse la voz- sólo que tenemos mucho trabajo aquí esta mañana. Bueno, de los quince óvulos recuperados ayer, diez estaban maduros y de los diez se han podido fecundar nueve. Le volveremos a llamar dentro de dos días para decirle cómo evolucionan… ¿Tiene alguna pregunta?Tuve ganas de preguntar a qué se parecían, si eran bonitos, me lo pensé pero al final preferí decir “no, gracias”  y le di las gracias por su llamada antes de colgar. ¡Grito de alegría! Decir que se han fecundado nueve. ¡Qué orgullo! ¡Qué euforia! ¡Tengo nueve bebés potenciales en fabricación! ¡Somos capaces de hacer nueve embriones! ¡Los quiero todos! ¡Ya los quiero a todos! Claro está, llamo inmediatamente a mi marido, que está currando. Responde al primer toque: – ¿Y bien? Le explico que tenemos nueve chiquitines (refiriéndome a mi abuela, que me llamaba así cuando yo era niña) – ¡Bravo campeona, lo has hecho muy bien! Por supuesto, los dos días siguientes fueron extremadamente agotadores. No dejaba de pensar en mis chiquitines. Preguntas idiotas del tipo: ¿Estarán bien? ¿No se sentirán demasiado solos? ¿Los atenderán bien? Estaba claro, yo ya estaba más que unida a esos embriones de amor.

2019-06-12T17:23:36+00:0010 agosto 2016|Sobre Reproducción Asistida|
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